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El asesinato de seis personas en el sitio Santa Bárbara, de la parroquia San Pablo de Pueblo Nuevo en el cantón Santa Ana, mantiene en vilo a la comunidad. Entre las víctimas de la matanza se encuentra una menor de edad cuya identidad corresponde a las iniciales M.A.O.M., y cuya edad ha generado confusión. De acuerdo con sus allegados, la niña tenía alrededor de 11 años, aunque informes policiales señalaron en un primer momento que se trataba de una menor de seis años, un dato que finalmente es aclarado.
El múltiple crimen ha sumido a la zona en un clima de temor e incertidumbre. El brutal hecho no solo ha dejado a la población acongojada sino también ha cambiado la forma en la que los allegados enfrentan el luto. La consternación se intensificó con la noticia de la joven víctima, dando muestras del impacto que ha generado a nivel local.
Decisión de los familiares ante el miedo
Tras conocerse la masacre, una de las autoridades locales dijo que los familiares de las víctimas han optado por tomar medidas inusuales en relación a los servicios funerarios. Ante el temor por la inseguridad, los familiares decidieron no realizar velaciones de los cuerpos y dispusieron que sean trasladados directamente desde el Centro Forense de Portoviejo hacia el cementerio para su sepultura.
Esta decisión refleja el ambiente de inseguridad que prevalece en Santa Ana tras los recientes hechos de violencia. Usualmente las velaciones forman parte del proceso de despedida en la comunidad, pero en esta ocasión, el resguardo de la integridad de los familiares y allegados fue una prioridad indiscutible.
Contexto de dolor en la parroquia San Pablo
El sitio Santa Bárbara, antes conocido por su tranquilidad, atraviesa ahora momentos de gran tensión. La comunidad se encuentra consternada y en estado de alerta ante posibles nuevas amenazas. El miedo a represalias o nuevos episodios violentos ha cambiado los hábitos de vida de los residentes, quienes evitan dar información o realizar actividades visibles que puedan poner en riesgo su seguridad.
Hasta el momento, las autoridades no han informado sobre capturas ni avances sustanciales en la investigación. El temor es tal que incluso se desconoce si alguna familia permitirá el acceso de extraños al proceso de sepultura, limitando cualquier tipo de actividad pública alrededor de las víctimas.
El ambiente se ha visto marcado por la suma de factores: el dolor de quienes han perdido a sus seres queridos, el miedo colectivo engrandecido por la violencia y la necesidad de tomar decisiones distintas a las habituales para protegerse de posibles riesgos adicionales.
Impacto comunitario y reacción social
La masacre ha dejado cicatrices profundas en la parroquia San Pablo y en todo el cantón Santa Ana. Vecinos y residentes han cambiado sus costumbres y muestran una actitud reservada, priorizando la seguridad sobre los rituales tradicionales de luto. La decisión de los familiares de prescindir de las velaciones es un reflejo claro de cómo la violencia altera la vida cotidiana y obliga a replantear incluso las tradiciones más arraigadas.
