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Indicios forenses que confirman hallazgo de Camilo Torres


13 de febrero de 2026 • 14:51

4 minutos de lectura

Este 15 de febrero de 2026, se recuerdan 60 años del fallecimiento del sacerdote, sociólogo y exintegrante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Camilo Torres Restrepo. A pesar de la relevancia histórica del personaje, el paradero oficial de sus restos óseos continúa bajo investigación forense.

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) informó que, aunque existen indicios morfológicos sólidos sobre un cuerpo recuperado en 2024, aún se aguardan los resultados finales de laboratorios genéticos en Colombia y Estados Unidos para establecer una plena identidad.

El proceso de identificación ha tomado un nuevo impulso tras la recuperación de un cuerpo el 19 de junio de 2024. Según la UBPD, el cadáver presenta características de edad, sexo biológico, talla y signos de trauma violento que coinciden con el perfil del sacerdote abatido en 1966.

Sin embargo, la entidad y Medicina Legal han sido enfáticos en que no se puede declarar la identidad oficial hasta que los cotejos de ADN, enviados a laboratorios internacionales en diciembre de 2025, arrojen un resultado concluyente.

Hasta la fecha, la única pertenencia confirmada de Torres Restrepo que se conserva es su sotana, la cual se encuentra en exhibición en el Palacio de Nariño. Durante décadas, el paradero de su cuerpo fue un secreto militar

El general Álvaro Valencia Tovar, quien lideró la operación donde Torres fue dado de baja, admitió en vida que ocultó la ubicación del cadáver para evitar que este se convirtiera en un símbolo político o un sitio de peregrinación para la insurgencia.

Trayectoria académica y el giro hacia la lucha armada

Nacido en 1929 en una familia de la burguesía liberal en Bogotá, Camilo Torres Restrepo tuvo una formación académica destacada. Aunque inició estudios de derecho en la Universidad Nacional de Colombia, abandonó la carrera para ordenarse sacerdote en el Seminario Conciliar.

Su vocación social lo llevó a Bélgica, donde se graduó como sociólogo en 1958. A su regreso, se convirtió en una figura clave de la academia colombiana al fundar, junto a Orlando Fals Borda, la Facultad de Sociología en 1960.

Su pensamiento evolucionó desde la investigación social hacia la militancia política activa. En 1965 fundó el Frente Unido, una plataforma que buscaba agrupar a sectores marxistas, sindicalistas y cristianos para oponerse al Frente Nacional, el pacto bipartidista que limitaba la participación de movimientos alternativos.

Torres argumentaba que las estructuras del Estado y la Iglesia impedían las reformas necesarias para las clases bajas, lo que lo llevó a concluir que la toma de armas era el único camino para una transformación estructural.

Su incursión en la guerrilla fue breve. Se unió formalmente al ELN a finales de 1965 y, solo tres semanas después, el 15 de febrero de 1966, falleció en un enfrentamiento con el Ejército colombiano en el sector de Patio Cemento.

Desde ese momento, su figura se transformó en un mito de la izquierda latinoamericana, pero el paradero de sus despojos se convirtió en un misterio que ha atravesado varios gobiernos y procesos de paz.

Procesos fallidos y la expectativa forense actual

La búsqueda oficial de los restos fue impulsada inicialmente por el expresidente Juan Manuel Santos como un gesto de reconciliación. En aquel entonces, se realizó una exhumación en un panteón militar de la Quinta Brigada de Bucaramanga.

No obstante, el Fiscal General de la época, Jorge Perdomo, desmintió el hallazgo luego de que las pruebas de ADN determinaran que los restos correspondían en un 99,9 % al ciudadano Mario Belarmino Cáceres.

Actualmente, la Universidad Nacional mantiene la intención de depositar en un osario los restos recuperados recientemente, pero la UBPD ha pedido cautela. Los laboratorios de Medicina Legal en Colombia y una entidad especializada en Estados Unidos analizan muestras forenses enviadas la primera semana de diciembre de 2025.

Los resultados son determinantes para cerrar un capítulo de seis décadas de incertidumbre sobre el “Cura Guerrillero”. (10).

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