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El Super Bowl LX, disputado este domingo 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara, Estados Unidos, trascendió lo deportivo con un espectáculo de medio tiempo que marcó un antes y un después. Bad Bunny lideró una presentación íntegramente en español y convirtió el escenario en una narrativa visual sobre Puerto Rico, Latinoamérica, la migración y la identidad latina en Estados Unidos.
Desde el inicio, el artista puertorriqueño planteó un discurso simbólico claro. El show abrió con una recreación de La Marqueta, un espacio popular lleno de oficios cotidianos, donde aparecieron barberos, vendedores ambulantes y pequeños comerciantes. La escena trasladó al público a un entorno reconocible para millones de latinos y estableció el tono del mensaje.
El escenario incorporó elementos como campos de caña de azúcar, puestos de piraguas y una casita típica puertorriqueña desde cuyo techo descendió el cantante. Cada recurso visual reforzó la idea de pertenencia cultural y trabajo diario, lejos del folclor decorativo.
Simbolismos de Bad Bunny en el Super Bowl LX
Uno de los momentos más potentes llegó durante la interpretación de El Apagón. Bad Bunny y bailarines vestidos como jíbaros escalaron postes de luz que terminaron explotando. La imagen aludió de forma directa a la crisis energética de Puerto Rico y a los apagones recurrentes tras los huracanes. Sin discursos explícitos, el mensaje conectó con una problemática concreta y reconocible.
El cierre del espectáculo reforzó la idea de unidad. En las pantallas apareció la frase Lo único más poderoso que el odio es el amor, mientras el artista sostuvo un balón de fútbol americano con la inscripción Together We Are America, rodeado de banderas latinoamericanas. La escena sintetizó la noción de una identidad compartida y diversa.
El analista político e influencer Rodrigo Balvanera interpretó la puesta en escena como una estrategia deliberada. Dijo que Bad Bunny ofreció “una clase maestra de cómo el simbolismo bien usado puede ser más poderoso que cualquier discurso político”, al construir su mensaje “símbolo por símbolo” sin confrontaciones directas.
Lecturas políticas y mensaje migrante en el show
Balvanera explicó que la presencia de trabajadores en el campo, los puestos informales y las banderas de distintos países representaron la economía cotidiana de millones de migrantes. Señaló que el gesto de derribar una puerta aludió a los operativos migratorios y que escenas domésticas mostraron la normalidad de la vida latina frente a discursos de criminalización.
El analista destacó también la aparición de Lady Gaga como símbolo de una sociedad ya integrada y el mensaje final de bailar y amar sin miedo como una forma mínima de resistencia emocional. Para Balvanera, el espectáculo reescribió el sentido común sobre quiénes son los latinos en Estados Unidos.
Otras voces especializadas coincidieron en el impacto cultural del show. Bruce Rodgers, diseñador de producción de Tribe Inc., explicó que vestir a los intérpretes como plantas permitió recrear la caña de azúcar sin dañar el césped del estadio, cumpliendo las normas de la NFL.
Análisis cultural y reacciones internacionales
Un estudio de IEXE Universidad calificó la presentación como un acto cultural y político que desafió la narrativa latina tradicional en Estados Unidos. The New York Times otorgó al espectáculo una calificación de A y resaltó la decisión de no cantar en inglés, salvo el cameo de Lady Gaga. Business Insider subrayó el uso de una narrativa visual que evitó discursos explícitos.
La carga simbólica del show provocó una reacción inmediata del presidente Donald Trump. Desde Truth Social, calificó la presentación como absolutamente terrible y aseguró que no representaba los valores del país. Sus declaraciones se sumaron a críticas previas del gobierno tras los Grammy.
