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La Sagrada Familia: Maravilla Arquitectónica de Barcelona


Suscitada la resurrección de Jesús, el mundo, esperanzado, abrió su alma a la consecución de su salvación. Impregnado por los milagros del llamado Hijo de Dios, el mundo de la época levantó sus manos al cielo para abrazar las enseñanzas de quien escogió ser crucificado por la redención de la humanidad.

Pero las fuerzas maléficas de entonces, antípodas del bien, la moral y la justicia, han trascendido en el tiempo, esforzándose por cumplir con su malvada misión con mayor intensidad. Y mucho han conseguido por medio de la corrupción, tanto que es imprescindible contrarrestarlas para evitar la continuidad de su propagación. Una de las vías seguras, efectivas y sagradas es la consagración familiar.

El mundo actual ha cedido escandalosamente a los preceptos malignos, debiendo imponerse los mensajes de fidelidad, paz, caridad, perdón, protección y reconciliación difundidos por la Sagrada Familia. Jesús, María y José constituyen un modelo de amor, fe y servicio; significan la unión y el cariño de Dios para con la humanidad.

Considerada como la célula de la sociedad, la familia congrega la esencia misma del humanismo y constituye su predominio en el mundo. Por eso hay que ratificar su reinado, con el padre como ejemplo de entrega, bienestar y protección; la madre como compañerismo y modelo de fe y obediencia; y los hijos como la continuidad de todas las normas dirigidas a la hermandad social.

En estos tiempos de violencia e incertidumbre, el ejemplo de la Sagrada Familia surge más relevante que nunca. Nos enseña que todos los valores son fundamentales para superar los desafíos y encontrar la paz.

El mensaje es trascendental. Hoy, domingo 5 de abril de 2026, al concluir la Semana Santa o Mayor y celebrarse religiosamente la resurrección de Jesucristo, hay que sostener la importancia de la obediencia al Creador y el respeto a las leyes de los hombres. Es necesario acentuar que el amor, la unión familiar, la humildad, el servicio a los demás y la promesa de la salvación del Ser Supremo para toda la humanidad son los brazos extendidos hacia la comunión con la solidaridad, el abrazo que protegerá al mundo e irradiará el bien que acabará con la perversidad.

Seguir el ejemplo de la Sagrada Familia nos ayuda a encontrar la paz y la fortaleza en tiempos de violencia, construyendo una sociedad más justa y amorosa. Nos recuerda que la fe y la solidaridad son fundamentales para una vida plena y significativa; que la familia es nuestra iglesia, donde, en estos tiempos de violencia e incertidumbre, las debilidades se tornan en fortaleza y la unión en blindaje protector de la humanidad, estados necesarios para justificar lo sagrado heredado de la inicial familia de Dios.

Que así sea.

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