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Durante 2026, el dólar estadounidense ha mostrado una tendencia a la baja impulsada por factores económicos y políticos en Estados Unidos. Entre ellos destacan la incertidumbre generada por políticas comerciales más agresivas, el crecimiento sostenido de la deuda pública y los déficits fiscales, así como expectativas de recortes adicionales en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal.
A esto se suman tensiones geopolíticas y señales políticas que han incrementado la volatilidad en los mercados financieros.
La depreciación ha llevado al índice del dólar (DXY) a niveles no vistos en aproximadamente cuatro años, reflejando una menor demanda global por activos denominados en dólares y un mayor interés por activos alternativos y otras divisas.
Impacto en economías dolarizadas
Para países dolarizados como Ecuador, el efecto de un dólar más débil presenta dos caras. Por un lado, mejora la competitividad externa. Un dólar menos fuerte abarata las exportaciones ecuatorianas frente a productos de otros países, lo que podría favorecer sectores como el bananero, camaronero, cacaotero y otros envíos hacia mercados europeos y asiáticos.
Asimismo, el turismo puede recibir un impulso, ya que visitantes provenientes de economías con monedas más fuertes encuentran más económico viajar a destinos que utilizan el dólar.
Sin embargo, también aparecen riesgos. Un dólar debilitado encarece las importaciones provenientes de países con monedas apreciadas frente a la estadounidense, lo que puede trasladarse a mayores costos internos y presiones inflacionarias, fenómeno conocido como inflación importada. Además, los ecuatorianos que viajan al exterior pueden encontrar que su capacidad de compra disminuye, especialmente en destinos de Europa y Asia.
Alberto Acosta Burneo, analista económico, dice que hay dos caras de la medalla con un dólar débil para una país dolarizado como Ecuador. Por un lado, “abarata exportaciones y mejora la competitividad externa” y por otro “encarece importaciones y presiona la inflación importada”.
Crecimiento sin política monetaria propia
Analistas económicos señalan que, en un país dolarizado, el ciclo económico no depende de una política monetaria propia, sino de factores estructurales internos. Entre ellos destacan la productividad, la implementación de reformas económicas y la capacidad de atraer inversión privada.
En ese contexto, un dólar débil puede ofrecer oportunidades temporales, pero el crecimiento sostenido depende de la competitividad y estabilidad económica local.
