{"id":9959,"date":"2026-03-25T17:19:53","date_gmt":"2026-03-25T17:19:53","guid":{"rendered":"https:\/\/lavozdeguayaquil.info\/?p=9959"},"modified":"2026-03-25T17:19:53","modified_gmt":"2026-03-25T17:19:53","slug":"7-anos-de-miedo-y-desaparecidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavozdeguayaquil.info\/?p=9959","title":{"rendered":"7 a\u00f1os de miedo y desaparecidos"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"articleAuthor\">\n<div class=\"author-avatar-wrap\">\n          <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"lazyload author-avatar\" src=\"https:\/\/img.eldiario.ec\/upload\/author\/5531330288124.jpg\" alt=\"Freddy Sol\u00f3rzano\" width=\"120\" height=\"120\"\/>\n        <\/div>\n<div class=\"author-main\">\n<div class=\"author-text\">\n<p>Freddy Sol\u00f3rzano<\/p>\n<p>Redacci\u00f3n ED.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p>          <button type=\"button\" class=\"author-toggle\" aria-label=\"Ver m\u00e1s informaci\u00f3n del autor\"><br \/>\n            <span class=\"author-toggle-icon\"\/><br \/>\n          <\/button>\n        <\/div>\n<p>        <!-- Tarjeta flotante --><\/p><\/div>\n<div id=\"\">\n<p>La madrugada del 24 de marzo de 1976, <a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/www.eldiario.ec\/mundo\/huelga-general-paraliza-servicios-en-argentina-en-rechazo-a-la-reforma-laboral-19022026\/\">Argentina <\/a>fue secuestrada por dentro. Bajo el nombre de<strong> &#8216;Proceso de Reorganizaci\u00f3n Nacional&#8217;<\/strong>, una junta militar liderada por Jorge Rafael Videla instaur\u00f3 una maquinaria de terror sistem\u00e1tica que utiliz\u00f3 la desaparici\u00f3n forzada como arma pol\u00edtica, suspendiendo al pa\u00eds en un limbo de violencia y silencio que durar\u00eda siete a\u00f1os.&#8221;<\/p>\n<p>Argentina ya conoc\u00eda los golpes de Estado. Desde 1930, la democracia hab\u00eda sido interrumpida tantas veces que la idea de un <strong>&#8220;orden impuesto&#8221;<\/strong> por los militares no resultaba ajena. En ciertos sectores, incluso, se aceptaba como una pausa necesaria. Pero esta vez no ser\u00eda igual. Esta vez, el pa\u00eds no ser\u00eda solamente intervenido: ser\u00eda quebrado por dentro.<\/p>\n<p>La junta militar \u2014integrada por <strong>Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ram\u00f3n Agosti<\/strong>\u2014 no lleg\u00f3 solo con uniformes. Lleg\u00f3 con un plan. Lo llamaron <strong>&#8220;Proceso de Reorganizaci\u00f3n Nacional&#8221;<\/strong>, un nombre que sonaba administrativo, casi t\u00e9cnico. Pero lo que escond\u00eda era la reorganizaci\u00f3n del miedo.<\/p>\n<h3>El contexto del caos<\/h3>\n<p>Para entender ese amanecer, hay que retroceder unos a\u00f1os. La Argentina de los setenta era un hervidero. La Guerra Fr\u00eda atravesaba cada discusi\u00f3n y la Revoluci\u00f3n Cubana hab\u00eda encendido imaginarios en toda Am\u00e9rica Latina. En las universidades, las f\u00e1bricas y los barrios, la pol\u00edtica se viv\u00eda con intensidad. Organizaciones como el <strong>ERP y Montoneros<\/strong> apostaban por la lucha armada, convencidos de que el cambio no vendr\u00eda por las urnas.<\/p>\n<p><strong>La violencia escal\u00f3 r\u00e1pido<\/strong>: secuestros, atentados, ejecuciones. El asesinato del exdictador Pedro Eugenio Aramburu, en 1970, marc\u00f3 una ruptura; ya no hab\u00eda retorno a la calma anterior. Cuando <strong>Juan Domingo Per\u00f3n<\/strong> regres\u00f3 al poder en 1973, muchos creyeron que podr\u00eda ordenar el caos, pero la tregua dur\u00f3 poco. Las divisiones internas del peronismo se volvieron irreconciliables.<\/p>\n<p>Tras la muerte de Per\u00f3n en 1974, su esposa Isabel qued\u00f3 al frente de un pa\u00eds que se desmoronaba. A su alrededor, figuras como <strong>Jos\u00e9 L\u00f3pez Rega<\/strong> consolidaban estructuras parapoliciales como la <strong>Triple A<\/strong>, que ya practicaban el terror selectivo. Para cuando los militares decidieron intervenir, la violencia ya era parte del paisaje, pero lo que vendr\u00eda superar\u00eda cualquier antecedente.<\/p>\n<h3>La tecnolog\u00eda del terror<\/h3>\n<p>El golpe fue r\u00e1pido y sin resistencia visible, pero su verdadero despliegue comenz\u00f3 despu\u00e9s, en la sombra. La represi\u00f3n no fue improvisada; fue sistem\u00e1tica, met\u00f3dica y fr\u00eda. M\u00e1s de <strong>350 centros clandestinos de detenci\u00f3n<\/strong> funcionaron en todo el pa\u00eds. Lugares sin nombre oficial, pero con historias que se repiten: la <strong>ESMA, el Club Atl\u00e9tico, La Perla<\/strong>. Sitios donde el tiempo se suspend\u00eda y la identidad se deshac\u00eda.<\/p>\n<p>All\u00ed, los <strong>secuestrados <\/strong>eran reducidos a n\u00fameros, apodos y silencios. Eran torturados para obtener informaci\u00f3n que muchas veces ya no importaba. Lo esencial era quebrar la voluntad y destruir cualquier forma de resistencia. <\/p>\n<p>El m\u00e9todo central fue la <strong>desaparici\u00f3n forzada<\/strong>: no dejar rastros, no entregar cuerpos, no permitir el duelo. Videla lo defini\u00f3 con una frase que condensaba la l\u00f3gica del r\u00e9gimen: el desaparecido era una <strong>&#8220;inc\u00f3gnita&#8221;<\/strong>. Ni vivo ni muerto; un ser suspendido en un limbo que tambi\u00e9n atrapaba a sus familias.<\/p>\n<p>Los <strong>&#8220;vuelos de la muerte&#8221;<\/strong> fueron la expresi\u00f3n m\u00e1s brutal de ese mecanismo. Personas drogadas, subidas a aviones y arrojadas al mar o al R\u00edo de la Plata. Sin testigos, sin tumbas.<\/p>\n<p> <center><\/p>\n<figure class=\"align\">\n                        <a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/img.eldiario.ec\/upload\/2026\/03\/17161D524C43476D17130F55504940791F131918534B45731610-600x400.webp\" title=\"Foto embed\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/img.eldiario.ec\/upload\/2026\/03\/17161D524C43476D17130F55504940791F131918534B45731610-600x400.webp\" alt=\"Foto embed\" class=\"lazyload\"\/><\/a><figcaption>30.000 desaparecidos: Es la cifra consensuada por organismos de derechos humanos para representar la magnitud del terrorismo de Estado. &#8211; Agencias<\/figcaption><\/figure>\n<p><\/center> <\/p>\n<h3>Econom\u00eda y complicidad<\/h3>\n<p>Pero la violencia no era solo f\u00edsica; tambi\u00e9n era econ\u00f3mica. Mientras el terror se desplegaba en la clandestinidad, <strong>Jos\u00e9 Alfredo Mart\u00ednez de Hoz<\/strong> impulsaba un modelo que abr\u00eda la econom\u00eda, desmantelaba la industria nacional y debilitaba a los sindicatos. La represi\u00f3n facilitaba el proceso: sin protestas, sin huelgas, sin voces.<\/p>\n<p>Se instal\u00f3 la l\u00f3gica de la <strong>&#8220;plata dulce&#8221;<\/strong>: ganancias r\u00e1pidas, especulaci\u00f3n financiera y endeudamiento creciente. Para muchos, una ilusi\u00f3n de <strong>prosperidad<\/strong>; para otros, el inicio de una ca\u00edda silenciosa. Al final de la dictadura, la deuda externa se hab\u00eda disparado y el tejido productivo estaba profundamente da\u00f1ado.<\/p>\n<p>Nada de esto habr\u00eda sido posible sin complicidades. Sectores empresariales apoyaron el modelo y parte de la c\u00fapula de la <strong>Iglesia Cat\u00f3lica<\/strong> legitim\u00f3 el discurso del &#8220;enemigo interno&#8221;. Hubo excepciones, como el obispo <strong>Enrique Angelelli<\/strong>, asesinado por denunciar las violaciones a los derechos humanos, pero la estructura institucional, en gran medida, eligi\u00f3 el silencio.<\/p>\n<h3>La resistencia de los pa\u00f1uelos<\/h3>\n<p>La censura completaba el cuadro: libros prohibidos, canciones vetadas e ideas perseguidas. El control buscaba moldear la realidad. En la calle, la frase <strong>&#8220;algo habr\u00e1 hecho&#8221;<\/strong> empez\u00f3 a circular como una defensa colectiva. Pensar de otro modo implicaba aceptar que cualquiera pod\u00eda ser el pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, hubo quienes no aceptaron. En 1977, un grupo de mujeres comenz\u00f3 a reunirse en la <strong>Plaza de Mayo<\/strong>. Buscaban a sus hijos. Caminaban en c\u00edrculos porque la polic\u00eda no permit\u00eda detenerse. Llevaban pa\u00f1uelos blancos en la cabeza y repet\u00edan una pregunta devastadora: <strong>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n?<\/strong> <\/p>\n<p>Eran las Madres. Poco despu\u00e9s, las Abuelas sumar\u00edan otra b\u00fasqueda: la de los nietos nacidos en cautiverio, apropiados y criados con identidades falsas.<\/p>\n<h3>El fin de la noche<\/h3>\n<p>Hacia 1981, el desgaste era evidente: crisis econ\u00f3mica y disputas internas. En ese contexto, <strong>Leopoldo Galtieri<\/strong> apost\u00f3 a una jugada desesperada: la recuperaci\u00f3n de las Islas Malvinas. Tras la derrota frente al Reino Unido, el r\u00e9gimen perdi\u00f3 su \u00faltimo sost\u00e9n.<\/p>\n<p>En 1983, las urnas regresaron y <strong>Ra\u00fal Alfons\u00edn<\/strong> gan\u00f3 con una promesa clara: <strong>Nunca m\u00e1s<\/strong>. La democracia abri\u00f3 el camino para enfrentar el horror. El <strong>Juicio a las Juntas en 1985<\/strong> fue un hecho in\u00e9dito donde, por primera vez, un tribunal civil juzg\u00f3 a los responsables.<\/p>\n<p>Hoy, Argentina sigue buscando. Nietos que recuperan su identidad e historias que vuelven a contarse. Porque la dictadura no solo dej\u00f3 v\u00edctimas; dej\u00f3 preguntas y una certeza que se repite como un compromiso: <strong>Memoria, Verdad y Justicia. (10).<\/strong><\/p>\n<\/p><\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Freddy Sol\u00f3rzano Redacci\u00f3n ED. La madrugada del 24 de marzo de 1976, Argentina fue secuestrada por dentro. 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